De financieras a sicarias, un fenómeno en crecimiento

Aumenta la participación de mujeres en el CJNG.

La presencia de mujeres en las estructuras del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha crecido de forma sostenida durante la última década, según reportes oficiales y análisis especializados. Su rol ya no se limita a tareas de apoyo: hoy ocupan posiciones de mando, participan directamente en acciones violentas y forman parte de células operativas que el cártel ha expandido en distintos estados del país.

De acuerdo con datos recopilados por International Crisis Group, la proporción de mujeres acusadas de delitos vinculados al crimen organizado pasó del 5.4 por ciento en 2017 al 7.5 por ciento en 2021. Ese mismo año, cifras del INEGI registraron 11 mil 295 mujeres en prisión preventiva o sentenciadas por ilícitos de alto impacto, lo que equivale a una tasa de 17 por cada 100 mil habitantes.

La Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) también ha documentado este incremento: entre 2012 y 2024, las detenciones de mujeres por delitos relacionados con narcotráfico y actividades conexas aumentaron 124 por ciento, al pasar de 631 a mil 413 casos.

En el caso particular del CJNG, las mujeres han escalado en distintos niveles de la organización. En la cúpula figuran familiares directas de su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, como su hija y su esposa. En las estructuras regionales destacan figuras como “La China” o “La Chiva Loca”, identificadas como sicarias y coordinadoras de acciones violentas. En 2023, dos mujeres participaron en el asesinato de un exfuncionario en Zapopan, hecho que quedó grabado en video y confirmó su involucramiento activo en operativos delictivos.

Especialistas advierten que el cártel ha explotado estereotipos de género para reclutar mujeres jóvenes en actividades de sicariato, secuestros, extorsiones y operaciones logísticas. Este fenómeno se observa con mayor fuerza en la facción conocida como Dos Aguas, que opera en Michoacán y donde se han difundido imágenes de presuntas sicarias posando con uniformes tácticos y armas largas. Aunque algunas participan voluntariamente, otras son cooptadas o forzadas a integrarse a la estructura criminal.

La situación es especialmente grave para niñas y adolescentes, utilizadas como enlaces, vigilantes o mensajeras, y en ocasiones entrenadas para tareas de combate. Las denuncias suelen ser escasas debido al estigma, el miedo a represalias y el control territorial que ejercen los grupos criminales.

El aumento en la presencia femenina dentro del CJNG revela un cambio profundo en las dinámicas del crimen organizado en México, así como una deuda persistente del Estado para atender tanto el reclutamiento forzado como las condiciones socioeconómicas que colocan a miles de mujeres en riesgo de integrarse a estas organizaciones.