«Entre Gitanos»
La pasarela de las comparecencias en la LXVII Legislatura ha dejado de ser un ejercicio de rendición de cuentas para convertirse en un casting de lealtades. Ayer, el turno fue para Luis Orencio Ramírez Baqueiro, titular de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP). El escenario era ideal para un despliegue de autonomía, pero aunque Ramírez Baqueiro intentó modular un tono de oposición, para validar su trabajo al frente de la Comisión, eso no sucedió; el rigor técnico de su discurso se desmoronó frente a un detalle estético: la corbata. Su atuendo gritaba «dependencia del estado» mientras su boca intentaba pronunciar «autonomía».
Más allá de la sátira textil, el rigor de los datos nos devuelve a una realidad institucional frivola. Según el índice de impunidad en delitos contra la libertad de expresión, Veracruz continúa navegando en aguas turbulentas. Sin embargo, sería un error de análisis simplista cargar toda la tinta sobre el funcionario. El problema de fondo no es solo quién anuda la corbata, sino quién es el dueño del traje. La CEAPP, bajo su diseño actual, no es más que un tentáculo presupuestal que simula autonomía mientras sobrevive bajo el yugo de una dependencia absoluta.
Y aunque se presume un aumento en las medidas de protección, la estadística de la Fiscalía General del Estado, muestra una brecha abismal entre la denuncia y la sentencia. El organismo opera con una estructura que consume gran parte de su techo financiero en gasto corriente, dejando el «blindaje» del gremio sometido, al tener dominio de la información de los periodistas en riesgo como sus sus rutas, sus familias y refugios, convertirse en un banco de datos sensible para el mismo poder que, irónicamente, en muchas ocasiones suele ser el agresor. Sin transparencia real, la CEAPP podría ser una caja negra que administra datos duros en silencio.
En fin, Ramírez Baqueiro compareció como lo que el sistema le permite ser: un empleado de alto nivel, no un periodista defensor ante una Legislatura que aplaude con una mano y recorta con la otra. Su intento de sonar opositor fue un mal acto para quedar bien, quiso salir triunfante con el gremio que lo vigila y con el jefe que le firma el cheque.
En el Veracruz de hoy, la libertad de prensa sigue esperando un organismo que no se combine con el color de la oficina en turno. Mientas que los periodistas en las regiones siguen cuidando que el siguiente nudo no sea el que les quite el aliento como un recordatorio de la orfandad en la que vive el periodismo veracruzano. Se necesita una reforma estructural que arranque a la CEAPP de las garras del Ejecutivo, que le otorgue recursos vinculantes y que, de una vez por todas, deje de usar la protección como una moneda de cambio para el institucional, esperemos que si se pongan las pilas.
«En fin, con el permiso de su excelencia… esto no es una columna sería» ✍🏼


