Vie. Ene 24th, 2020

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Esa prensa… esa oposición “sabelotodo”

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El inicio del Curso de Derecho Electoral, fue una excelente oportunidad para repensar el contenido y límites del Derecho Humanos a la Libertad de Expresión, el cual desde mi opinión es un presupuesto y una condición mínima, observable y medible en la Democracia. Su parte contraria sería la censura.

Analizamos el contenido de lo que enuncia la Declaración Universal de Derechos Humanos, de la Declaración de Derechos y Deberes del Hombre, y de la Convención Americana de Derechos Humanos y llegamos a algunas conclusiones.

Primera. El Derecho a la libre expresión no es absoluto, sino que tiene límites precisos y en todo caso, de entrada las personas pueden opinar y expresar lo que quieran, las restricciones solo pueden operar después de que en un caso concreto otra persona compruebe que tal expresión u opinión ha vulnerado el respeto sus derechos o su reputación de los demás afectados y que tal opinión o expresión ha puesto en riesgo la seguridad nacional, publica o la salud de otra u otras personas. Quiero hacer énfasis en que las restricciones solo pueden ser consecuencia de una opinión ya publicada.

Segunda. Si a los textos analizados, agregamos la Enmienda 1 del “Bill of Rigths” de 1791, y el artículo 10 de Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, este derecho tiene casi 230 años de haberse reconocido como un prerrequisito democrático y fue impulsado por los movimientos que marcaron el inicio de la era moderna: La revolución francesa y la independencia de los Estados Unidos de América.

Tercera. En este momento, los entes encargados de operar el mejor y más eficiente mecanismo de censura es el colectivo de ciudadanos con la mente cerrada y de pensamiento dogmático, y los políticos salidos de esos colectivos. El problema se agrava cuando estas figuras llegan a lugares de peso político y con atribuciones legales serias. Donald Trump es el mejor ejemplo; Vladimir Putin le sigue de cerca, por poner ejemplos de individuos. En sus casos, los derechos humanos constitucionales sirven como bloque de defensa ciudadana, e incluso como medio para reparar e indemnizar las violaciones al Derecho a la Libre Expresión, pero en el caso de los colectivos no institucionalizados, o individuos que repiten las conductas de los lideres que fomentan restricciones extralegales a los derecho humanos, resulta más difícil defenderse y virtualmente imposible reparar el daño.

El calificativo “sabelotodo” tiene un uso coloquial y despectivo. Se usa para describir a una persona (o personas) que presume saber mucho, o más de lo que en realidad sabe (algo así como un sofista), y coloca al sujeto “sabelotodo” en un lugar muy cerca de ser un mentiroso.

Preocupa que un líder político o jefe del Estado y del Gobierno se refiera así de la prensa y los políticos que lo cuestionan y lo confronta con sus actos y sus palabras, pero hasta cierto punto es de esperarse que un líder de perfil autoritario lo haga con cierta regularidad. Preocupa mucho más el colectivo ciudadano que en automático se organiza para secundar su actitud. Esta reacción activa y opera un mecanismo social de censura que tiene como resultado que nadie se tome el menor tiempo para pensar acerca de las ideas y opiniones que se publican. Este nuevo tipo de censura opera a través de agresiones entre ciudadanos, divididos por un líder político. Además cuando un seguidor escucha o cambia de opinión, de inmediato se lo convierte en traidor del “movimiento” que aquel encabeza.

Agreguemos ahora el argumento de la falta de cultura, grado académico o especialización en el tema sobre el que se opina. En primer lugar, los tecnócratas ya hemos sido descalificados como vía para mejorar al país, así que acreditarse como especialista en la materia, utilizar la técnica, la ciencia o la estadística como insumos para manifestar propuestas para la toma de decisiones puede no ser el mejor de los caminos en la búsqueda por ser escuchados. Lo contrario es que el resto de la población, inexperta y no formada opine sobre cualquier cosa, lo cual tiene mucho más y mejor parecido con el derecho a la libre expresión y opinión. En segundo lugar, esta población especialista, letrada, con postgrados o doctorados nacionales y extranjeros es una minoría y ahora es una minoría inmoral, pues para acceder a esa formación se necesita dinero y ya sabemos cual es planteamiento alrededor de esto, amasar riqueza es de inicio inmoral en un país con tanta pobreza, así sea producto o la ocupe para pagar estudios.

El éxito en “el mercado de opiniones” depende de la claridad y la capacidad de transmitir ideas, verdaderas o falsas, de “conectar” conectar con el público. De cada ciudadano depende hacerlo bien.

En resumen, estar letrado o “leído” sobre algún tema de interés público no es requisito para ejercer nuestro derecho a expresar opiniones, o reflexionemos ¿cuántos libros hay que leer sobre algún tema para estar calificados? ¿5, 20, 100? ¿Por qué 5, o por qué 20 o por qué 100? Lo que pasa en realidad es que estamos en el camino de no permitirle a nadie opinar sobre nada, aumentando material y artificialmente las restricciones al Derecho Humanos a la Libertad de Expresión. Este es el camino para censurar, por una motivo u otro el debate sobre la cosa pública. Si nadie esta calificado y el calificado es de inicio descalificado, ¿cual es entonces la opinión que sí se vale escuchar?

Dirija sus comentarios a hhugoviveros@gmail.com


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