Entre Gitanos
Ni sumisión ni prisas: el blindaje legislativo de la frontera nacional, por encima de la agenda de Estados Unidos
Gobernar no es simular: el choque de legitimidades, Manuel Huerta sobre el gabinete estatal
En el tablero político de Veracruz, donde la forma suele ser fondo y el discurso se mide en grados de lealtad, el senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara ha lanzado un mensaje que sacude los pasillos de la Cancillería, al Senado de la República y a la titular del Ejecutivo estatal.
Bajo la premisa de que “gobernar es tomar decisiones”, el legislador morenista ha fijado postura tanto en el plano local como en el internacional: la eficacia administrativa y la autonomía nacional frente al intervencionismo extranjero, dejando en claro que no se requiere militar en otro partido para ejercer un contrapeso real.
La noticia de que la Comisión de Marina del Senado suspendió la reunión extraordinaria programada para este lunes 5 de enero no es un trámite menor. En juego estaba la autorización para que tropas de élite de los Navy SEALs y del Séptimo Grupo de Fuerzas Especiales de Estados Unidos ingresaran a territorio mexicano —específicamente a Donato Guerra, Estado de México, y Champotón, Campeche— para ejercicios de adiestramiento previstos para el 18 de enero, los cuales han quedado en el limbo legislativo.
Huerta Ladrón de Guevara ha sido el encargado de verbalizar la prudencia. Tras la reciente intervención militar estadounidense en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, evento que ha reconfigurado el equilibrio regional y la agenda política al inicio de 2026, el Senado mexicano optó por el “reacomodo”.
La lógica es clara: en un contexto de tensiones con el gobierno de la era Donald Trump, México no puede permitirse señales de subordinación, ni siquiera bajo el manto de la “capacitación”. El Senado no se dobla, ya que la cortesía militar representa un riesgo para la autonomía republicana en tiempos de crisis.
El frente interno: finanzas, gabinete y desgaste administrativo
El dardo de Huerta no solo cruzó la frontera norte; también aterrizó en las finanzas estatales. Con el colmillo político que le caracteriza, el senador aplicó una dosis de realismo a la gestión pública en Veracruz.
Si bien mantiene una relación cordial e institucional con la gobernadora Rocío Nahle, su diagnóstico sobre el gabinete estatal es lapidario. Huerta sabe que 2026 será un año definitorio: o se consolidan los gobiernos estatales bajo la eficiencia, o el desgaste administrativo pasará factura antes de las próximas batallas electorales.
El senador ha dejado en claro que decidió “caminar junto al pueblo”, bajo el argumento de que la lealtad no es ciega y que trabajar en coordinación no implica sumisión.
Reconoce la disposición de la gobernadora —a quien se refiere coloquialmente como “la tía Chío”—, pero su crítica hacia las áreas financieras y de servicios es tajante.
Huerta ha señalado la falta de disciplina fiscal y exige que el flujo de recursos se traduzca en resultados tangibles, no en burocracia estancada por funcionarios estatales que no dan resultados ni están a la altura del proyecto de nación.
Contrapeso interno y legitimidad territorial
Al distanciarse de la simulación, Manuel Huerta se reafirma como un actor que “camina por su cuenta”, enviando un mensaje claro: la lealtad al proyecto no exime de la rendición de cuentas.
Esta lectura domina hoy las mesas de café en Xalapa y los pasillos gubernamentales. En el ecosistema político de Veracruz, donde históricamente el Ejecutivo estatal ejerce un control vertical, Huerta emerge no como un opositor externo, sino como un contrapeso interno con legitimidad propia.
Por una parte, Rocío Nahle ostenta la legitimidad del cargo y el respaldo directo de la estructura federal; por la otra, Manuel Huerta posee la legitimidad territorial.
Como exdelegado de los programas sociales federales, conoce las arterias del estado y cuenta con una estructura de base que no le debe nada a la burocracia estatal actual.
Esto le permite hablar con una libertad que ningún secretario de despacho posee. Cuando Huerta critica la falta de resultados en las áreas financieras y de servicios del gabinete de Nahle, no solo señala baches o falta de insumos: cuestiona la capacidad operativa del gobierno estatal.
Huertismo, Morena y el próximo punto de fricción
Mientras la gobernadora debe desgastarse en la gestión diaria —seguridad, salud, carreteras—, el senador se mueve en la esfera de la alta política y la ideología, lo que le permite mantener una imagen ajena a los errores administrativos locales.
En Veracruz, el huertismo se ha convertido en refugio de fundadores de Morena que se sienten desplazados por el llamado “neochuchismo” o por cuadros técnicos traídos de fuera. Huerta se consolida como el verdadero contrapeso del gobierno de Nahle: tiene micrófono abierto a nivel nacional, agenda propia y control de estructuras territoriales, el punto de fricción más fuerte entre ambos liderazgos.
“En fin, con el permiso de su excelencia, esto no es una columna seria” ✍️🏼


