
• Las infancias y el dinero
La próxima semana, precisamente el día 30 estaremos celebrando el día de las infancias.
Esa edad maravillosa en donde se encuentran nuestros mejores recuerdos, pues a esa tierna edad en donde el único compromiso debiera ser jugar, y ser felices, despierta nuestra imaginación, y los sueños se vuelven ilimitados.
A qué nos dedicaremos en el futuro, en donde viviremos, que nos gustaría ser de grandes, y los primeros rasgos que determinarán nuestro carácter emergen desde esos primeros años. ¡Qué gran compromiso y responsabilidad el ser padres!
Pues nos toca acompañar, explicar el mundo, y responder a miles de preguntas y dudas que jamás nos hubiéramos planteado y que ahora, habrá que tener la respuesta y la palabra idónea para los pequeños, respuestas que cuiden su corazón, su espíritu, y que no limiten su forma de soñar y de concebir el mundo.
Yo tuve, y sigo teniendo la fortuna de tener a mis padres. Ambos con distinto carácter y forma de ser, y de ver la vida; cada uno, a su manera, me compartió desde aquellos primeros días de mi vida, una visión diferente de resolver los problemas (si es que se le puede llamar problemas a las cotidianidades de la vida infante), pero fueron uniformes en algo, jamás te rindas, y siempre recuerda tu valor.
Nunca faltó la disciplina, ni las pláticas diarias, ni las lecciones, ni los juegos, menos los desafíos. Ambos a su manera, dejaron en mí, una parte de lo que ahora soy. Pero si de uno de ellos, recuerdo haber aprendido sobre dinero, fue de mi Madre.
Ya les había contado, en previa ocasión, que, con sus muy particulares modos, me enseñó a los 4 años, cómo funciona el comercio, lecciones que nunca olvidé.
También fue ella quien me llevó de la mano a comenzar un ahorro, y todavía recuerdo que fue en una bolsa que ella misma cosió, a mano, color naranja, que comencé a reunir monedas, de todas las denominaciones.
Recordarán Ustedes que por allá de los años 80’s, las monedas eran muy grandes y pesadas. Después pasé de las monedas al conocimiento de los billetes y así. Hasta que más adelante, fui víctima de un “fraude” pues mi hermano que no ahorraba me pidió prestada una suma que jamás recuperé.
Y bueno, ahí también aprendí, sobre garantías de pago y otras cosas. Que también se sirvieron en la vida, como digo, cosas de ‘no hacer’.
Pensar en las compras y el destino que se le daría a esos ahorros, también fue un aprendizaje constante con mi mamá. Acompañarla a sus compras fue también una forma de saber cómo usar y administrar el dinero, para hacerlo rendir en casa.
Así, este momento previo a los festejos de las infancias, al recordar la propia, es lo que me lleva a reflexionar con Ustedes, de la gran importancia de hablar de dinero, con los pequeños. De dinero, de ahorro, y préstamos también.
La rapidez con la que ahora conseguimos las cosas, en tiendas en línea, y el sobre sacrificio de los padres, por satisfacer no solo las necesidades de los niños al precio que sea, y aunque sea a crédito, y a veces, aunque no se trate de necesidades; no es una forma correcta de hacerlos entender el valor del dinero, ni tampoco es la mejor forma de inculcarles, cómo llevarán ellos sus finanzas personales en su edad adulta.
Aplazar la satisfacción de un resultado rápido, contra una inversión, o enseñarles la forma de vender, sí serán herramientas valiosas que podrán usar en el futuro, y que nos agradecerán como no tienen idea.
Sirva el motivo de la fecha, para que este fin de semana, nos sentemos a dialogar con ellos, y con verdad sobre cómo están nuestras finanzas; incluso si estamos endeudados, siempre habrá formas de reparar los errores, de enderezar el camino y de ponerse de nuevo al timón del barco para salir de las crisis.
Un ajuste de medidas y que ellos, los niños, puedan comprender con exactitud cuáles son nuestras circunstancias reales en materia económica, será crucial para enfrentar los retos de esta época de inflación y de aumento de precios.
Dejemos a un lado la pena, de que los pequeños exploren las vulnerabilidades de nuestras carteras, y hagamos equipo con ellos, para salir adelante, y de paso, dotarles de experiencia para lo que, a ellos, en un futuro les tocará atender. Y a Usted que hoy es mayor, también le deseo que recuerde su infancia, quizá encuentre ahí un tesoro a todas sus preguntas y cuestionamientos sobre la vida.
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