jueves, febrero 22

El Día del Niño Perdido: una tradición arraigada en la Zona Norte de Veracruz

A las siete de la tarde del 7 de diciembre, las familias en los municipios de la Zona Norte de Veracruz salen a encender las velas del Niño Perdido, una tradición arraigada que ilumina el camino para su regreso a casa.

Este festejo se celebra en Poza Rica, Coatzintla, Papantla, Tihuatlán, Cerro Azul y, recientemente, en Xalapa, pero es en Tuxpan donde tiene sus raíces. Un callejón lleva su nombre y es donde se inicia la tradición con las primeras velas.

En este puerto, también se realiza un desfile de carritos navideños, muchos hechos por las propias familias, quienes recorren las calles del centro de la ciudad en unión.

En Poza Rica, el parque Benito Juárez se convierte en punto de encuentro para colocar las velas en sus alrededores. Similarmente, en el bulevar Adolfo Ruiz Cortines y el camellón de la avenida 10.

En Papantla y Coatzintla, las calles que ascienden por los cerros se iluminan con velas durante varios minutos, una costumbre arraigada en la tradición local. Antes, cuando las luces de la ciudad no eran automáticas, los vecinos se reunían para encender las velas y apagar las lámparas.

El Día del Niño Perdido se conmemora el 7 de diciembre y tiene su base en el pasaje bíblico de Lucas 2:39 al 52, que narra la pérdida momentánea de Jesús. Esta tradición, datada del siglo XVIII, fue instaurada durante la evangelización de las comunidades indígenas en el norte de la región y se asocia con el fraile Junípero de Serra, un franciscano que caminó desde el puerto de Veracruz hasta la capital de la Nueva España.

Aunque tiene un trasfondo religioso, esta tradición reúne a las familias, proporcionando un momento de convivencia y armonía durante la iluminación de las velas cada año.